jueves, 2 de agosto de 2012

SECCIÓN VOCACIONAL. Cuando Cristo toca el corazón… no lo suelta.


Recuerdo perfectamente en el año 2004, mientras cursaba el 6° semestre de la carrera, cuando la inquietud por entrar al seminario, era grande, era mayor que otra cosa, inclusive que mis propios estudios en ese momento. En una pascua del mismo año, en la que se nos invitaba a resucitar con Cristo, fue Cristo que me llamó a seguirlo, a caminar junto a él, y desde ese momento, mi Vida ha estado unida siempre a la de Él, sin Él no tiene sentido mi vocación, que es a la que Él le pertenece.

Mi Familia, siempre Cristiana, en un ambiente de entrega y devota hasta hoy, pero hace ya 7 años aproximadamente, creí que no era mi familia, porque siempre me habían apoyado y llegado el momento en el que sentí necesitaba más el apoyo, lo sentía tan lejos de mí, apartados, desconocidos por mi decisión a corresponder este llamado que me inquietaba. Los días pasaban y más tenía el temor de hablarles de este tema. Un gran apoyo tenía en familia, una tía que es consagrada, la cual siempre ha estado conmigo, y sabia que me entendía lo que pasaba, porque ella había pasado algo similar… en ese momento difícil y a pesar de las circunstancias decidí concluir mi carrera, y además me propuse “continuar con mi formación espiritual”, ya que se necesitan profesionistas comprometidos en la construcción del Reino de Dios y sin dudar, terminé mi licenciatura. Y una vez concluido mis estudios profesionales, entre al seminario, muy contento y satisfecho de lo realizado.

A seis años concluidos de formación y a un paso de estar en segundo de Teología, sigo admirando la grandeza del Dios providente, para con mi familia, para con mi comunidad, mi parroquia, amigos y formadores, porque en cada uno de ellos se ha manifestado Dios. Hoy doy gracias a Dios porque me permitió también terminar la licenciatura en Filosofía, oportunidad grande para tan pequeño hijo. Además también gracias a mi familia porque sé que ha sido cooperadora para mi vocación, a mis amigos seminaristas y bienhechores que han puesto lo necesario para la formación. A mis nuevos Hermanos y amigos que he conocido en el IMDOSOC, que Dios vaya moldeando el barro que cada uno tiene para cada día configurarnos con Cristo que es Camino, Verdad y Vida.

Respetuosamente
Seminarista: Leyber Moreno Gómez
Unidos en oración.

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